A
menudo, cuando consultamos guías turísticas, nos recomiendan que
veamos los grandes monumentos y edificios de las ciudades. Y no es
para menos, puesto que ciudades como Viena
poseen una gran riqueza arquitectónica, des de sus callejuelas
medievales hasta sus grandes palacios imperiales. Sin duda alguna son
visitas ineludibles para todo turista, y si vuestra intención es
hacer una pequeña escapada,
no dudéis en visitar sus mayores puntos de interés.
No obstante, si tenéis algo más de tiempo y queréis conocer la
verdadera cultura vienesa,
un paseo por sus cafés os dará una verdadera muestra de lo que es
ser vienés. Por ello hemos decidido dedicar dos posts exclusivamente
al café vienés, este primero que estáis leyendo, en el que os
explicaremos la variedad de cafés y pasteles que podéis elegir en
cualquier cafetería, y un segundo en el que os recomendaremos
algunas de las mejores cafeterías de la ciudad austríaca.
Así
pues, es importante señalar que cuando uno entra en un café
vienés no puede simplemente pedir “un café”, puesto que el
camarero necesitará saber con exactitud qué
café quiere.
Por un lado está el Moka,
que es el café solo. Si añadimos algo de leche tendremos el
Brauner,
que
puede ser pequeño (kleiner)
o grande (großer),
es decir, un café cortado o con leche. Otros cafés especialmente
deliciosos son el Melange
(con
extra de leche) o el Capuccino.
Por último, el café estrella en las estaciones calurosas, es el
Eiskafe,
un café helado que consiste en una combinación de café, nata y
helado de vainilla.
En todas las cafeterías siempre tendrán el detalle de poneros un vaso de agua junto con el café, algo que seguro que echaréis de menos cuando volváis a casa. Para acabar de redondear este delicioso café lo ideal es tomar alguno de sus famosos pasteles, como el Apfelstrudel (pastel de manzana) Sachertorte (pastel de chocolate), Dobostorte (torta con capas de bizcocho y crema de chocolate) o Linzertorte (tarta de almendras y mermelada), por citar algunos de los más conocidos.





